Gabriel Troncoso  /  Comunicación de alcaldes

Revisar una pieza

La hoja de revisión de una plana, convertida en formulario: marca lo que falla y mira la decisión en vivo, con la misma rúbrica del método.

Capítulo 6 de 7Uso interactivo

Esta hoja convierte en formulario la hoja de revisión del método. Sirve para revisar una pieza antes de que salga, o para juzgar algo que ya se dijo.

Cada pregunta trae su línea "Falla cuando". Si la pieza cumple esa condición, marca la casilla: la pieza falla esa pregunta. Si no la cumple, déjala vacía. La decisión se actualiza sola, con la misma regla del capítulo.

El detalle de cada pregunta, con sus ejemplos, está en cómo se juzga una frase.

Las ocho eliminatorias

Falla cuando la frase dice entregué, construí, conseguí, logré, cumplí, inauguré, financié, recuperé o instalé con el alcalde como sujeto, aunque sea con "nosotros".

Por qué importa

la obra y el servicio son de la Municipalidad, y desde 2016 la Contraloría considera que atribuírselos a título personal es promoción del cargo con recursos públicos (dictamen 21.237 de 2016 y dictamen OF128769 del 7 de julio de 2026). Es la falla más frecuente y la más fácil de corregir, y es eliminatoria porque además del tono tiene consecuencia administrativa. Lo que gana el alcalde si la pasa es poder hablar de la misma obra todas las semanas sin oficio.

Falla cuando la frase dice "cumplimos", "promesa cumplida", "como me comprometí", "lo dije en campaña", o menciona la campaña o su fecha junto a una obra o un servicio.

Por qué importa

desde el 7 de julio de 2026 la Contraloría considera esa fórmula una posible vulneración del principio de probidad, porque "implica atribuirse, a título personal, la consecución de un objetivo que corresponde a la municipalidad como institución" (dictamen OF128769), y lo dijo para cuentas personales e institucionales por igual. Es la fórmula que más usan los alcaldes porque funciona (la gente responde a la frecuencia con que alguien reclama crédito), y por eso es la que más oficios está produciendo.

Falla cuando la frase afirma un hecho (una fecha, un monto, un orden de sucesos, una cifra, un "nadie hizo nada antes") que no se puede respaldar con un documento que exista hoy.

Por qué importa

una frase imprecisa dicha desde un cargo se clasifica como imprecisa en la prensa y en un expediente, y desde ahí vale como prueba en contra. "Me enteré" y "en ese minuto" se verifican contra un correo o un acta, y si el documento dice otra cosa, la frase es la noticia. Es eliminatoria porque el daño de una fecha desmentida dura más que el de cualquier adjetivo.

Falla cuando hay una investigación abierta (Fiscalía, tribunal, Contraloría, sumario) y la frase dice qué pasó, quién tuvo la culpa, que no hubo ninguna irregularidad, o que algo era seguro o inexplicable.

Por qué importa

cualquier certeza dicha antes del resultado se convierte en prueba de negligencia si el resultado la contradice, y contradice la única frase que sí protege: "hay una investigación en curso". Es eliminatoria porque el alcalde no controla lo que va a decir el juez, y una frase que apuesta a un resultado ajeno es una frase que puede perder.

Falla cuando la frase compromete un resultado que depende de una atribución, de una plata o de un plazo de otro (la Fiscalía, un ministerio, el Gobierno Regional, un tribunal, un privado, Carabineros).

Por qué importa

la promesa incumplida en seguridad y en servicios básicos es la que más rápido se cobra, y un alcalde tiende a prometer justo ahí porque es donde más lo presionan. Un alcalde no puede cerrar un local sin decreto, "sacar" a los delincuentes, hacer que la Fiscalía actúe, bajar el precio de algo ni resolver un juicio. Es eliminatoria porque una promesa que no depende de uno es una derrota anunciada con fecha abierta.

Falla cuando una persona con nombre, cara o cargo reconocible aparece en una frase negativa, o aparece sin su permiso en una situación vulnerable (un despido, una fiscalización, una ayuda social, un niño).

Por qué importa

cuando la frase acusa o expone, el riesgo pasa de la Contraloría al derecho a la honra, a la propia imagen y a la Ley Karin, y eso es un juicio con nombre del alcalde como demandado. Cuando solo nombra a un rival político sin acusarlo, es reescritura y no eliminatoria, pero igual le regala al rival la atención de la cuenta del alcalde. El contraste, si toca, lo hacen otros y nunca la autoridad.

Falla cuando la cuenta personal informa una obra antes que la Municipalidad, o con fotos o videos hechos por funcionarios; la cuenta municipal pone al alcalde como sujeto o en el titular, o enlaza a su cuenta; o un canal municipal difunde una actividad del partido.

Por qué importa

hay dos cuentas porque hay dos cosas distintas que comunicar, y la ley trata a cada una distinto. La Municipalidad comunica la obra (lo que se construyó, entregó, aprobó, fiscalizó o firmó) porque es suya y porque la ley le exige informar; la persona comunica el criterio (lo que decidió, priorizó, insistió, fue a ver, escuchó, asume) porque es lo único que es suyo y lo único que la distingue de cualquier otro alcalde. El beneficio del carril personal es la confianza, la cercanía y una audiencia propia que no depende del municipio y sobrevive al cargo; su riesgo es que si informa obra antes que la institución, con material de funcionarios o con "cumplimos", pierde el escudo de lo privado y trae oficio. El beneficio del carril institucional es la legitimidad, el alcance a todos los vecinos y el respaldo documental; su riesgo es que si lleva la cara o el nombre del alcalde como práctica, o enlaza a su cuenta, es promoción personal con recursos públicos. Cada uno de los cruces de la línea "Falla cuando" ya produjo un oficio en alguna comuna de Chile, y el alcalde de Los Aromos ya tiene el suyo, de marzo, por publicar la sede dos días antes que la cuenta municipal con fotos del periodista municipal. Por eso es eliminatoria: el instructivo E545210 del 27 de septiembre de 2024 lo dice para las cuentas institucionales, y el dictamen OF128769 del 7 de julio de 2026 lo extiende a las personales.

Falla cuando alguna palabra de la frase, leída por la Contraloría, un juez, un fiscal, un concejal de oposición, el rival o el medio local con el peor titular posible, sirve para un titular en contra o para un párrafo de un oficio.

Por qué importa

es la última pregunta y resume a todas las demás. El vecino es el lector para quien se escribe, pero el tercer lector es el que decide el costo, y lee cada palabra buscando la que le sirva. Si una sola palabra no se puede defender frente a él, esa palabra es el titular de mañana. Es eliminatoria porque una frase que pasó las otras veintitrés y falla esta igual trae el oficio o el titular.

Las dieciséis que se cuentan

Falla cuando algún verbo de la frase no tiene un sujeto nombrado, o el sujeto es un "nosotros" que no se sabe si nombra a la comuna, al equipo o al alcalde.

Por qué importa

un sujeto ambiguo se lee siempre de la peor manera posible por el tercer lector, y "nosotros hicimos" se lee como "yo hice". Si el sujeto está claro, todas las demás preguntas se responden en segundos; si está borroso, la frase queda a merced de quien la interprete, y el contralor la interpreta como atribución personal.

Falla cuando la pieza va por el carril personal y no tiene ninguna frase con "yo" como sujeto de un verbo de criterio (decidí, prioricé, insistí, fui, escuché, asumo, corregí).

Por qué importa

es lo contrario de la 2. Si el alcalde se esconde detrás de la Municipalidad y no dice nada propio, la pieza queda plana, sin persona, y la podría haber firmado cualquier alcalde de cualquier comuna. Un alcalde tiene tres cosas legítimas que decir en primera persona sin riesgo legal: qué decidió y qué le costó, en qué insistió, y dónde estuvo. Eso es lo único que lo distingue, y es lo que la gente recuerda cuando llega la hora de perdonarle una decisión impopular.

Falla cuando un adjetivo o un superlativo califica una gestión, un peligro o un resultado sin un número ni una fuente al lado ("fuerte fiscalización", "enorme avance", "histórica inversión", "el peor invierno en veinte años").

Por qué importa

un adjetivo sin fuente es una opinión disfrazada de hecho, y el lector que importa (el periodista, el concejal de oposición, el contralor) la lee como tal. Y el adjetivo se le devuelve al alcalde: "el peor invierno en veinte años" fue la frase que la editorial del viernes usó para decir que el alcalde de Los Aromos espanta a los turistas. Un número con fuente no se le puede devolver a nadie.

Falla cuando un verbo en futuro ("vamos a", "pronto", "en los próximos meses", "estamos trabajando en") no viene con una fecha ni con un hito que se pueda verificar.

Por qué importa

un futuro sin fecha suena a acción y no compromete nada, y por eso el vecino lo lee como una promesa vacía la primera vez y como una excusa la tercera. Una fecha, en cambio, es un dato que el vecino puede guardar y cobrar, y un alcalde que se deja cobrar y responde gana confianza aunque la fecha se corra.

Falla cuando la frase dice "ya cuenta con", "se implementó", "está operativo" o "está listo" sobre algo que está en diseño, postulación, licitación o piloto.

Por qué importa

es la deshonestidad más común de la comunicación profesional y sobrevive a la verificación porque técnicamente algo existe. El costo llega después: cuando el vecino va a usar el plan que "ya tiene" y no encuentra nada, la próxima obra real también la lee como humo. Y un anuncio por etapa da cinco piezas legítimas donde el anuncio inflado da una sola y desgastada.

Falla cuando la frase contiene la palabra o la idea que usó un crítico, aunque sea con un "no" adelante ("no es persecución", "no espanto a los turistas", "no hay nepotismo", "no es un show").

Por qué importa

negar un marco lo instala, porque la gente recuerda la palabra y olvida el "no" (es el efecto de "no piense en un elefante" que describió Lakoff). Y si la palabra viene de un crítico, repetirla es hacerle la campaña gratis con la voz del propio alcalde. Lo que gana el alcalde si la pasa es que su cuenta hable de lo que él hace y no de lo que otros dicen de él.

Falla cuando la frase, leída en voz alta a alguien que no trabaja en el municipio, necesita una explicación para entenderse.

Por qué importa

quien trabaja en un municipio deja de notar cómo suena "instancia de articulación" para quien no lo hace, y esa ceguera se llama la maldición del conocimiento. Una frase que hay que explicar no se comparte, no se repite y no se recuerda, y una autoridad que habla así se lee como alguien que habla para adentro.

Falla cuando aparece una palabra de la lista de las que matan (articular, territorializar, gobernanza, instancia, iniciativa, en el marco de, cabe destacar, lineamientos, sinergia, relevar, hoja de ruta, hito) o la palabra "gestión" dicha por el alcalde de sí mismo.

Por qué importa

es distinta de la 12 porque una frase puede entenderse y aun así sonar a oficina, y el sonido a oficina es uno de los siete tonos que el electorado chileno castiga. Y "mi gestión" tiene un problema más: convierte al alcalde en sujeto de todo lo que la Municipalidad hizo, que es exactamente lo que la pregunta 2 prohíbe.

Falla cuando la frase cuenta una tendencia (una cifra, un sistema, "un problema estructural") sobre un tema en el que a la institución le va mal, o cuenta un caso suelto sin cerrar con la idea grande en un tema donde le va bien.

Por qué importa

la misma noticia contada como un caso (un rostro, un lugar, una fecha) hace que la gente le atribuya la responsabilidad al individuo, y contada como tendencia hace que se la atribuya a la política pública y a quien gobierna (Iyengar lo midió). Por eso, en un tema donde a la Municipalidad le va mal, el caso con respuesta protege y la tendencia condena. Y la fórmula que mejor funciona en los temas donde le va bien es entrar con un caso y salir con la idea grande.

Falla cuando la frase no tiene ninguna imagen, ningún número redondo, ninguna historia ni ninguna sorpresa que la haga quedarse en la memoria de quien la oyó.

Por qué importa

es la única prueba que mide si la frase existe fuera de la boca de quien la dijo. Una frase que nadie repite no viaja, y en una comuna de 31.000 habitantes lo que viaja de boca en boca vale más que cualquier alcance de Instagram. Lo que se pega tiene seis rasgos, según Heath: simple, inesperada, concreta, creíble, emocional y con historia.

Falla cuando la frase suena a superioridad moral, jerga, estridencia ("grave", "histórico", "inaceptable" en cada pieza), frivolidad, promesa desproporcionada, farándula o desprecio por un sector de la comuna.

Por qué importa

los siete tonos salen de lo que el electorado chileno castigó en el plebiscito de 2022 y de lo que se observa desde entonces en las autoridades mejor y peor evaluadas. En un alcalde en ejercicio, el que más aparece es la estridencia, y el segundo es la superioridad moral hacia el que critica. El alcalde de Los Aromos tiene los dos en su ficha: se enoja con la prensa y dice adjetivos. Cada vez que uno de esos tonos sale, confirma la caricatura que el rival quiere instalar.

Falla cuando la frase dice lo que el alcalde siente ("estoy muy emocionado", "me duele profundamente", "con mucha alegría") en vez de mostrar un hecho, un lugar o una persona.

Por qué importa

una emoción declarada no produce ninguna emoción en quien lee, y en un momento de duelo se lee como fórmula. La emoción se muestra con un hecho, un lugar y una persona, y el que escucha la siente solo. Y la confianza, según Fenno, se construye con la presencia (dónde estuvo el alcalde) mucho más que con lo que dice sentir.

Falla cuando una frase de riesgo alarma sin fuente oficial ("devastador", "el peor en décadas"), tranquiliza sin dato ("todo bajo control"), o avisa un peligro sin decir qué tiene que hacer la gente.

Por qué importa

la comunicación de riesgo tiene reglas medidas (las de CERC, el protocolo de emergencias del CDC): la preocupación tiene que ser la justa para que la gente actúe, y cada aviso tiene que traer algo que hacer, porque darle a la gente una acción la calma. Y hay un costo comercial que Los Aromos ya pagó: una comuna que anuncia temporales, nieve y lago crecido todo el año mientras invita a visitarla dice dos cosas contrarias, y el turista se queda con la primera.

Falla cuando el destinatario de la frase es "la comunidad", "la ciudadanía", "los vecinos y vecinas" o "todos", sin un sector, una edad, un oficio o una situación que permita a alguien reconocerse.

Por qué importa

nadie se reconoce en "la comunidad", así que nadie siente que le hablan. Un público real es uno de los cinco a ocho de la matriz de públicos de la fase 1, con su miedo y su evidencia, y una frase escrita para él le llega a él y de paso la leen los demás. Al revés no funciona: una frase para todos no le llega a nadie.

Falla cuando la pieza termina sin pedir, invitar, preguntar ni decir qué puede hacer el vecino con lo que acaba de leer.

Por qué importa

una frase que no pide nada es un folleto, y la forma más segura de que una pieza le sirva a la gente es que le diga qué hacer con ella. Además, la petición abre una conversación, y una cuenta con conversación es una audiencia propia, que sobrevive al cargo. La cuenta que solo informa se parece a un comunicado, y para eso ya está la de la Municipalidad.

Falla cuando la pieza sale la semana de un fallo, un sumario o un oficio abierto que la contradice, durante una alerta, en los sesenta días antes de una elección sin invitar a los demás candidatos, o no sostiene ninguno de los tres pilares de la ficha.

Por qué importa

una pieza correcta dicha en el momento equivocado se lee como burla o como distracción, y un pilar de "orden" levantado con un sumario abierto es una invitación a que el medio ponga las dos cosas en el mismo titular. Y una pieza que no cabe en ningún pilar es ruido: gasta atención sin construir la frase madre. El pilar 3 de Los Aromos, "una municipalidad ordenada", está en construcción justamente hasta que cierre el juicio y responda el oficio.